Historia de Honda en la F1(parte III): no hay dos sin tres

En septiembre de 1992, Honda anunciaba oficialmente que se retiraba de la F1. La década de los 80 fue mágica: Honda venció y convenció. Pero la crisis económica con la que arrancaron los 90 y el hecho de que la F1 no fuera su principal línea de producción e investigación, provocaron la discreta salida de Honda de la competición. Sin embargo, la puerta quedó abierta a un regreso más o menos cercano en el futuro.

El mejor regalo de cumpleaños

¿Te acuerdas de Nobuhiko Kawamoto, que comenzó como diseñador, ascendió hasta convertirse en director del programa de F1 e incluso terminaría siendo presidente de la compañía? En el post que dedicábamos a la segunda etapa de Honda en la F1, Los dorados 80, contábamos cómo Kawamoto se encargó de comunicar a los medios y al mundo en general, que Honda se despedía de la competición. Pues bien, el mismo Kawamoto reaparecía en marzo de 1998 y anunciaba un retorno inminente con motivo del 50 aniversario de la fundación de la empresa.

Cincuenta años no se cumplen todos los días y qué mejor manera de celebrarlo que recuperando el sueño de la F1. Para esta tercera etapa, Honda acarició la posibilidad de volver no solo como proveedor de motores, sino como equipo. Es decir, ellos mismos desarrollarían y fabricarían tanto el motor como el chasis y contarían con sus propios pilotos. Y es que, para Honda, la F1 siempre fue un acicate para proporcionar mayor destreza y conocimientos a los ingenieros más jóvenes del equipo. Y, por supuesto, para avanzar y situarse en la vanguardia tecnológica.

La paciencia es la madre de todas las ciencias

Y si en Honda sobra algo es justamente paciencia. Conscientes de que de nada vale precipitarse y aunque la intención última fuera montar su propio equipo, Honda decide regresar a la F1 como proveedor de motores para dos escuderías: del 2000 al 2005, para la británica B.A.R. (British American Racing), surgida de las cenizas de Tyrell, y en 2001 y 2002, para la irlandesa Jordan.

B.A.R. firma un acuerdo con Honda en el año 2000 que lo convierte en su nuevo proveedor. Supuso un gran salto cualitativo, aunque ese primer año hubieron de conformarse con la cuarta posición en el campeonato de constructores. En 2003, se incorpora al equipo el joven piloto inglés, Jenson Button. Pero es en 2004 cuando el potencial de B.A.R. comienza a ser evidente. Durante esta temporada, Button logró diez podios e incluso la primera pole position para el equipo en el GP de San Marino. A pesar de no consignar un solo triunfo, B.A.R. se hizo con el subcampeonato de constructores y Button quedó tercer clasificado en el campeonato de pilotos.

2006: el resurgimiento como constructor integral

Los resultados de B.A.R. eran lo suficientemente halagüeños como para que Honda se decidiera a comprar la escudería fundada por Craig Pollock. En 2004, ya había adquirido casi la mitad, el 45%, y en octubre de 2005, se hace con el 55% restante. B.A.R. pasaba a llamarse Honda Racing F1 y ahora sí, Honda retornaba a la F1 como constructor integral. En 2006, el flamante Honda Racing F1 vencía en el Gran Premio de Hungría con el RA106. Era, además, la primera victoria de Button en la F1.

Pero no se puede ganar siempre. Las dos temporadas siguientes no fueron tan buenas como habría cabido esperar. En 2008, la crisis financiera se abatía sobre el mundo. Honda consideró que lo mejor era renunciar, al menos de momento, a su sueño recurrente. Vendieron la estructura al ingeniero Ross Brawn por el valor simbólico de un euro. Rebautizado como Brawn GP y de nuevo con Button al volante, el equipo salió a por todas en la temporada 2009. Y lo cierto es que no les fue nada mal, pues ganaron tanto el Mundial de pilotos como el de constructores. Quince días después de haber finalizado el campeonato, Brawn le vendió todo el equipo a Mercedes por 100 millones de euros.

Habría que esperar siete años más, hasta 2015, para asistir al cuarto renacer de Honda en la F1. Lo relataremos en el último capítulo de la saga. Decíamos que la paciencia es la madre de todas las ciencias y una de las mayores virtudes de Honda. Así pues, paciencia. Lo que sí podemos adelantar es que esta historia no tiene un desenlace. Porque la historia de Honda en la F1 es un relato en perpetua construcción. Porque si los sueños tuvieran final, dejarían de ser sueños.

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